miércoles, 4 de junio de 2014

AEROPUERTOS DE MÁRMOL Y MUJERES JARDÍN

Paso en Adis Ababa

Gloria Helena Eraso



Para llegar a Dakar desde N'Djamena hay que volar dos largos días, el primero arriba en la noche a Adis Ababa, la capital de la legendaria Etiopia. Me emociona pasar, aunque sea una noche sola, en el país del último emperador africano.  Ir de N’Djamena a Adis es hacer el trayecto en sentido opuesto al que nos dirigimos, como ir a Panamá para salir luego a Santiago de Chile, en fin nos espera la noche en Adis… veremos a Joan y a Rafa una pareja amiga que hace más de dos años vive allí, eso nos alegra mucho, Rafa es cartagenero y Joan español.

Adis Ababa se ha convertido en un importante centro de llegada y salida de vuelos en África y Etiopian Airlines en la más importante compañía de aviación africana.  Etiopia es hoy capital Panafricana,  es decir el nodo de la unión, la alianzas, la sede intergubernamental del África. Esto ha impulsado su desarrollo, es también un país muy respetado por su fuerte defensa de lo identitario y su orgullo de ser el único país del continente que no sufrió colonización extranjera propiamente dicha.

El aeropuerto de Adis es grande, respetable, todo su piso es de mármol blanco con leves motas negras y complementado con cuadros de mármol, ese si muy negro. Se ve gente de toda el África, también europeos, norteamericanos, chinos. Mientras esperamos en una larga fila en inmigración observo toda la fauna que nos rodea.

Hay un gran grupo que al parecer van en peregrinación, muchas mujeres y hombres de edad madura vestidos a la manera tradicional, ellos con bubus, que es el vestido tradicional; un camisón largo hasta los pies adornado en el cuello, se lo ponen encima de un pantalón ancho,  ellas están con mantos blancos, envueltas en ellos y con un velo algo mas liviano encima, sin embargo no se tapan la cara. Todos llevan colgado del cuello un termo dorado y sus pertenencias en bolsos muy usados o simplemente envueltos en un gran trapo anudado, ellas las portan  muy tranquilamente encima de la cabeza en un equilibrio envidiable, se nota que cargar así es algo cotidiano. Al quedar en medio de ellos nos marea su fuerte olor, es algo como una mezcla de inciensos, perfumes y poco baño. Para nosotros  los latinos siempre será difícil acostumbrarse a esta manera de entender el aseo personal, europeos y africanos no saben del baño diario.

Desde N’Djamena viaja con nosotros una dama que me impresiono al verla fugazmente, ahora la detallo, tiene una increíble cantidad de cadenas de oro, y en cada mano un anillo del tamaño de una ficha de juego, igualmente dorado s; sus manos, sus brazos ,sus pies y sus piernas están pintados con jenna, con un abigarrado diseño de algo como una enredadera con pequeñas hojas y flores, el diseño rodea y adorna cada uña y sube en ramas por las extremidades, ella es todo un jardín, un jardín de jenna y oro.

Otras cuatro damas me hacen sentir malestar de género, son de baja estatura y gruesas, van completamente tapadas, dos de ellas van acompañadas de niños.  Sus hábitos son oscuros, una lleva uno café y la otra uno negro. Los trozos de tela que cubren la frente y la cara, a la altura de la nariz están unidos por un pequeño lazo, solo se les ven los ojos y además tienen guantes y medias, no dejan ni un centímetro de piel a la vista. Al pasar por inmigración el guardia les hace una señal y menea la cabeza, ellas levantan su velo y le muestran la cara, es bastante absurdo.

El personal del aeropuerto habla un inglés británico, agradable, su fenotipo es distinguible, son largos, delgados, de piel oscura pero con un tono de panela, las mujeres son agraciadas, de rasgos finos.  Al salir vemos a Rafa que nos saluda con la mano, nos anuncia la cena en un restaurante etíope con show.

Llegamos a un gran bungalow, gigante en una pequeña estancia que hace de antesala, están las fotos de los antiguos emperadores de Etiopia, veo a una mujer y al final a Hallie Selasie, muy digno con su mirada profunda.

El lugar esta atestado de gente, mesas y mesas llenas de europeos y africanos, hay también hindús, a punto de dar la vuelta, una niña nos hace una señal y nos hace un camino pasando frente al escenario, ya los músicos han empezado a hacer sonar sus instrumentos, como calentando. Nos sentamos en una mesa lateral. Desde aquí no veremos bien a los músicos, pues están sentados en un corredor largo en la parte de atrás de la tarima, tienen extraños instrumentos; uno parece un contrabajo pero es más pequeño y se apoya en el regazo, varios tambores, y hay instrumentos de cuerdas uno de ellos parecido a un tiple.

Comemos con la mano
Cantantes, bailarines
Mesa local, hombres bailan juntos
Hienas
Casa llena de arte de Joan y Rafa

Fotografía: Gloria Eraso

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Te invitamos a que continúes haciendo parte de nuestro contenido!